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Higüey 2028: el alcalde que necesita una ciudad que ya no es un pueblo

Con miras a las elecciones municipales de 2028, Higüey exige un liderazgo capaz de gobernar el crecimiento poblacional acelerado y su rol como ciudad dormitorio del corredor turístico de Punta Cana

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Editorial

Higüey dejó de ser, hace tiempo, el pueblo agrícola y religioso que muchos todavía imaginan cuando piensan en él. Hoy es uno de los municipios de mayor crecimiento demográfico del país, impulsado por un fenómeno que pocas ciudades dominicanas viven con esta intensidad: ser, al mismo tiempo, cabecera provincial, santuario espiritual de la nación y ciudad dormitorio del principal polo turístico de República Dominicana. Miles de trabajadores de los hoteles, restaurantes, agencias y servicios de Bávaro-Punta Cana salen cada madrugada de Higüey y regresan cada noche, convirtiendo al municipio en la retaguardia laboral de una industria que genera buena parte de la riqueza del país, sin que esa riqueza se traduzca todavía, con la misma velocidad, en las calles, el transporte o los servicios de la ciudad que la sostiene.

Ese desequilibrio —entre lo que Higüey produce para la economía turística y lo que recibe de vuelta en infraestructura y planificación— es, probablemente, el asunto más importante que deberían discutir los candidatos a la alcaldía en el camino hacia 2028. No como una queja retórica de campaña, sino como el eje real de un plan de gobierno municipal.

Una ciudad cosmopolita necesita gobernarse como tal

Higüey ya no puede administrarse con la lógica de un pueblo grande. Es una ciudad cosmopolita: recibe migración interna de todo el país, población extranjera vinculada al turismo y a los negocios, peregrinos que llegan por la Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia, y un flujo constante de trabajadores que se mueven a diario hacia el corredor turístico. Esa diversidad es una fortaleza económica y cultural, pero exige un municipio con capacidad técnica real: catastro actualizado, ordenamiento territorial, oficinas digitales, y una gestión urbana profesional, no improvisada.

El próximo alcalde tendrá que asumir que gobernar una ciudad que crece a este ritmo no es lo mismo que administrar la tranquilidad de antes. Se necesita planificación a diez y veinte años, no solo obras visibles para una gestión de cuatro.

El transporte: la deuda más urgente con quienes sostienen Punta Cana

Ningún tema resume mejor el reto de Higüey que el transporte hacia la zona turística. Decenas de miles de personas dependen cada día de un sistema de transporte informal, costoso y poco seguro para llegar a sus trabajos en los hoteles. Un plan de movilidad serio —rutas organizadas, terminales dignas, horarios que respondan a los turnos hoteleros reales, y coordinación con las autoridades de transporte nacional— no es un capricho urbanístico: es una política de justicia laboral. Nadie debería perder tres o cuatro horas diarias, ni una parte significativa de su salario, simplemente para llegar a un empleo que sostiene la economía de la provincia.

Vivienda y ordenamiento territorial, antes de que sea tarde

El crecimiento poblacional acelerado, si no se planifica, se traduce inevitablemente en asentamientos informales, déficit de agua y saneamiento, y presión sobre cañadas y zonas de riesgo. Higüey todavía está a tiempo de evitar los errores que hoy enfrentan otras ciudades dominicanas de crecimiento explosivo. Eso exige un plan de ordenamiento territorial vinculante, incentivos reales para vivienda formal asequible para trabajadores del sector turístico y de servicios, y reglas claras para el desarrollo inmobiliario que ya se expande hacia la periferia.

Servicios básicos a la altura del crecimiento

Una ciudad que se apoda «la capital espiritual» y sostiene el turismo del país no puede seguir dependiendo de soluciones parciales en agua potable, recogida de residuos sólidos y alumbrado. El próximo gobierno municipal deberá priorizar inversión en infraestructura de servicios básicos como condición para cualquier otra promesa de campaña, porque sin eso, el crecimiento poblacional se convierte en crisis urbana en lugar de oportunidad.

Identidad, turismo interno y economía local

Higüey tiene un activo que pocas ciudades del país poseen: la Basílica y la fe mariana atraen peregrinos todo el año, especialmente en enero. Un municipio con visión debería integrar ese turismo religioso y cultural a su propia economía local, en lugar de dejar que solo Punta Cana capitalice la imagen turística de la provincia. Esto significa apoyo al comercio local, a la gastronomía, a los emprendimientos de quienes viven en Higüey pero trabajan —directa o indirectamente— para el sector hotelero.

Lo que debería exigir el electorado

De cara a 2028, el debate municipal no debería girar solo en torno a nombres y partidos, sino a compromisos verificables:

  • Un plan de movilidad hacia el corredor turístico con metas y plazos concretos.
  • Un ordenamiento territorial que anticipe el crecimiento, no que lo persiga.
  • Inversión sostenida en agua, saneamiento y gestión de residuos.
  • Una relación más equitativa entre el municipio y la industria turística que emplea a buena parte de su población.
  • Transparencia y capacidad técnica en la gestión municipal, más allá del carisma electoral.

Higüey no necesita un alcalde que administre la nostalgia de lo que el municipio fue. Necesita uno que entienda lo que ya es: una ciudad cosmopolita, joven, en crecimiento constante, y motor silencioso de la principal industria del país. Reconocer eso con honestidad —y gobernar en consecuencia— debería ser el verdadero punto de partida de la campaña rumbo a 2028.

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