El crecimiento económico de Punta Cana y La Altagracia ha generado empleo, inversión y oportunidades, pero también plantea una pregunta que cada vez adquiere mayor importancia: ¿cómo está impactando ese ritmo de desarrollo en la salud mental de quienes sostienen la economía de la zona?
La Altagracia.– Punta Cana suele aparecer en las estadísticas nacionales como uno de los grandes motores de la economía dominicana. Millones de visitantes llegan cada año por su aeropuerto, miles de trabajadores dependen directa o indirectamente del turismo y la provincia continúa experimentando una transformación urbana y demográfica acelerada.
Sin embargo, detrás de las cifras de crecimiento existe otra realidad que pocas veces ocupa el centro de la conversación económica: el bienestar emocional de la población que vive y trabaja en esta zona del país.
La relación entre economía y salud mental no es un asunto exclusivamente médico. También tiene consecuencias sobre la productividad, el empleo, las relaciones familiares, el rendimiento laboral y la calidad de vida.
Punta Cana: una economía que no deja de crecer
El peso económico de la zona turística de Punta Cana resulta difícil de ignorar.
Entre enero y octubre de 2025, el Aeropuerto Internacional de Punta Cana recibió 4,304,338 extranjeros no residentes, equivalentes al 72 % del total de pasajeros extranjeros que llegaron al país por vía aérea durante ese período. Además, la terminal registró un crecimiento interanual de 7.2 %.
Estas cifras muestran la magnitud de la actividad económica que se concentra alrededor del principal polo turístico de La Altagracia.
Hoteles, restaurantes, transporte, construcción, comercio, excursiones, servicios profesionales y una extensa cadena de proveedores dependen directa o indirectamente de ese movimiento.
Pero una economía dinámica también puede generar nuevas presiones.
El otro lado del crecimiento
El desarrollo acelerado de Punta Cana y su entorno ha significado oportunidades laborales para miles de personas. Al mismo tiempo, el costo de la vivienda, los desplazamientos, las responsabilidades familiares, los horarios laborales y la presión por mantener determinados niveles de ingreso pueden convertirse en factores de estrés.
La Organización Mundial de la Salud advierte que los entornos laborales deficientes —incluidos la inseguridad laboral, las cargas excesivas de trabajo, la desigualdad y el bajo control sobre las condiciones laborales— representan riesgos para la salud mental.
Esto resulta especialmente relevante en economías de servicios donde el trabajador mantiene un contacto permanente con clientes, turistas y empresas y donde los horarios pueden adaptarse a una actividad que funciona prácticamente todos los días del año.
Higüey y Punta Cana: dos realidades dentro de una misma provincia
La Altagracia presenta una característica particular.
Por un lado está el gran polo turístico de Punta Cana, conectado con el mercado internacional y caracterizado por una intensa actividad hotelera, comercial y de servicios.
Por otro, Higüey funciona como uno de los principales centros urbanos, administrativos y comerciales de la provincia.
Entre ambos territorios existe una relación económica permanente, pero también diferencias en ingresos, vivienda, transporte, acceso a servicios y oportunidades.
Por eso, hablar de salud mental en La Altagracia exige evitar una visión exclusivamente turística.
La pregunta debe ser más amplia: ¿cómo está afectando el modelo de crecimiento a las familias que viven permanentemente en la provincia?
8,600 consultas de salud mental en la región Yuma
Los datos más recientes del Servicio Nacional de Salud ofrecen una primera aproximación.
Durante 2025, los servicios de salud mental de la Red Pública registraron 8,600 consultas en el Servicio Regional de Salud Yuma, que incluye las provincias de La Altagracia, La Romana y El Seibo.
De ese total, 5,848 correspondieron a psicología y 2,752 a psiquiatría.
El dato merece atención, aunque debe interpretarse correctamente.
Las 8,600 consultas no corresponden exclusivamente a Higüey o Punta Cana, sino a todo el territorio cubierto por el SRS Yuma. Por tanto, no pueden utilizarse como una medición directa de la prevalencia de ansiedad, depresión u otros trastornos en La Altagracia.
Sí permiten, sin embargo, observar que existe una demanda concreta de atención de salud mental en la región.
El sistema público también está ampliando su capacidad
La infraestructura sanitaria de La Altagracia constituye otro elemento importante.
Según el Anuario de Estadísticas Sociodemográficas 2024 de la Oficina Nacional de Estadística, la provincia contaba con 49 centros públicos de atención de salud, de los cuales 44 correspondían al primer nivel y cinco al nivel especializado, con 224 camas.
Además, el Servicio Nacional de Salud informó en 2026 que se trabaja en el Centro Psicosocial Emaús, en Higüey, como parte de las acciones destinadas a ampliar la atención de salud mental. El SNS también informó sobre la puesta en marcha de la estrategia nacional de salud mental 2026-2030 y la habilitación de la línea 811 para orientación y atención permanente.
Esto indica que el debate sobre salud mental comienza a pasar de la invisibilidad a una agenda institucional más concreta.
Cuando el dinero se convierte en una fuente de ansiedad
La relación entre economía y salud mental funciona en ambas direcciones.
Una persona que pierde su empleo puede experimentar incertidumbre, disminución de autoestima, dificultades familiares y ansiedad por las obligaciones financieras.
Pero el proceso también puede ocurrir en sentido contrario.
Una persona que atraviesa depresión, ansiedad severa u otro problema de salud mental puede experimentar dificultades para concentrarse, mantener su rendimiento, asistir regularmente al trabajo o conservar un empleo.
La Organización Mundial de la Salud estima que 12,000 millones de días laborales se pierden cada año en el mundo debido a la depresión y la ansiedad, con un costo cercano a US$1 billón anual en productividad perdida.
La cifra es global, no específica de República Dominicana, pero ayuda a comprender la dimensión económica del problema.
El trabajador como parte de la ecuación económica
Durante mucho tiempo, las discusiones sobre productividad se concentraron en maquinaria, tecnología, infraestructura, capacitación y financiamiento.
Hoy resulta cada vez más difícil ignorar un componente adicional: la salud emocional de los trabajadores.
Un empleado agotado, sometido a estrés constante o enfrentando una condición de salud mental sin tratamiento puede tener dificultades para mantener el mismo nivel de productividad.
La OMS señala que los problemas de salud mental pueden reducir el rendimiento, aumentar el absentismo y elevar la rotación del personal.
Para una provincia como La Altagracia, donde el turismo representa una parte fundamental de la actividad económica, el bienestar de los trabajadores debería formar parte de la discusión sobre competitividad.
¿Está creciendo la economía más rápido que el bienestar?
Esta es quizá la pregunta más importante.
No se trata de afirmar que el crecimiento de Punta Cana esté provocando problemas de salud mental. Las estadísticas disponibles no permiten establecer esa relación causal directamente.
Lo que sí puede analizarse es la coexistencia de dos fenómenos.
Por un lado, una economía turística de enorme dinamismo.
Por otro, una demanda regional de servicios de salud mental que requiere atención y seguimiento.
La tarea de investigadores, autoridades, empresas y organizaciones sociales consiste precisamente en estudiar si existen factores asociados al empleo, vivienda, transporte, ingresos, jornadas laborales, migración interna y condiciones sociales que estén aumentando la vulnerabilidad emocional de determinados grupos.
El costo de no atender el problema
Ignorar la salud mental puede terminar siendo costoso tanto para las familias como para las empresas y el Estado.
Cuando una persona no recibe atención, el problema puede afectar su desempeño laboral, sus relaciones familiares y su capacidad para generar ingresos.
La OMS también advierte que las condiciones de salud mental pueden afectar a familiares, cuidadores, compañeros de trabajo y comunidades enteras.
Por eso, la salud mental no debería verse únicamente como un gasto sanitario.
También debe entenderse como una inversión social y económica.
Empresas y trabajadores: una responsabilidad compartida
En una economía como la de Punta Cana, las empresas tienen un papel fundamental.
Programas de asistencia psicológica, capacitación de supervisores, prevención del acoso laboral, descansos adecuados, mecanismos para denunciar situaciones de violencia y políticas que faciliten la conciliación entre trabajo y vida personal pueden contribuir a crear ambientes más saludables.
La OMS recomienda precisamente acciones para prevenir riesgos psicosociales, proteger a los trabajadores y apoyar a quienes presentan problemas de salud mental.
La responsabilidad tampoco recae exclusivamente sobre las empresas.
El Estado debe garantizar acceso oportuno a servicios de salud mental, mientras que las comunidades necesitan educación para reducir el estigma que todavía rodea a estos problemas.
Higüey necesita ser parte de la conversación
El crecimiento económico de Punta Cana también tiene consecuencias sobre Higüey.
La ciudad funciona como un importante centro de residencia, comercio, servicios y empleo para personas vinculadas directa o indirectamente al turismo.
Eso significa que cualquier discusión sobre bienestar de los trabajadores de Punta Cana debe incluir a Higüey.
El transporte diario, el costo de la vivienda, el tiempo de desplazamiento, las responsabilidades familiares y la disponibilidad de servicios sanitarios forman parte de una misma realidad económica y social.
Una oportunidad para cambiar la conversación
La Altagracia tiene una oportunidad para convertirse no solamente en referencia turística, sino también en ejemplo de desarrollo humano sostenible.
El crecimiento económico debe medirse por la cantidad de visitantes, habitaciones, empleos e inversiones, pero también por la calidad de vida de quienes hacen posible ese crecimiento.
Una economía saludable necesita trabajadores saludables.
Y una población emocionalmente saludable tiene mayores posibilidades de aprovechar las oportunidades que genera el crecimiento económico.
El verdadero desarrollo también se mide en bienestar
Punta Cana seguirá siendo uno de los grandes motores turísticos de República Dominicana.
Higüey continuará creciendo como centro urbano y de servicios.
La pregunta que corresponde ahora es si las políticas públicas y privadas avanzarán al mismo ritmo para proteger el bienestar de las personas que sostienen esa expansión.
Los 8,600 servicios de salud mental registrados en el SRS Yuma durante 2025 no pueden interpretarse como una estadística exclusiva de La Altagracia, pero sí constituyen una señal de que existe una demanda de atención que merece ser estudiada.
El desafío consiste en producir mejores estadísticas locales que permitan conocer cuántas personas requieren atención, cuáles son las principales causas de consulta, qué relación existe con las condiciones económicas y laborales y qué tan accesibles son los servicios para quienes viven en Punta Cana, Higüey y las comunidades rurales.
Porque el desarrollo de una provincia no puede medirse solamente por el dinero que genera.
También debe medirse por la tranquilidad con la que viven sus habitantes.
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