Editorial | Cuando el periodista quiere llegar antes que la Justicia

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Los casos de Edwin Encarnación y Karen Yapoort, y el ataque contra Julián Oro Duro y su esposa, vuelven a colocar sobre la mesa una pregunta necesaria: ¿hasta dónde debe llegar un periodista cuando investiga un acontecimiento que también está en manos del Ministerio Público y la Policía?

La República Dominicana vive una transformación acelerada de su ecosistema informativo. Las redes sociales han reducido la distancia entre un acontecimiento y su difusión prácticamente a cero.

Un video, una fotografía, una declaración o un rumor pueden convertirse en cuestión de minutos en la conversación nacional.

En ese escenario han adquirido especial relevancia comunicadores que no se conforman con reproducir una nota oficial y deciden investigar, buscar fuentes, desplazarse hasta los lugares de los hechos y presentar sus propios hallazgos.

Eso puede representar un enorme servicio para la sociedad.

Pero también plantea límites.

Los acontecimientos recientes relacionados con Edwin Encarnación y Karen Yapoort, así como el crimen ocurrido en la residencia del merenguero Julián Oro Duro, constituyen buenos ejemplos para discutir dónde termina la investigación periodística y dónde comienza una función que corresponde exclusivamente a las autoridades.

Edwin Encarnación y Karen Yapoort: cuando la farándula se convierte en noticia

La separación de Edwin Encarnación y Karen Yapoort comenzó ocupando espacios propios de la farándula y las redes sociales.

Pero posteriormente aparecieron elementos que trascendieron la ruptura matrimonial.

Karen Yapoort confirmó públicamente que había iniciado un proceso de divorcio por mutuo consentimiento y pidió consideración hacia sus hijos. Posteriormente, su abogado informó que el acuerdo se encontraba en su etapa final. Al mismo tiempo, un incidente ocurrido en La Romana derivó en versiones enfrentadas y actuaciones ante el Ministerio Público.

En ese momento ocurrió algo importante desde el punto de vista periodístico.

La historia dejó de ser exclusivamente: “¿Por qué se separaron Edwin y Karen?”

Cuando existen querellas, disparos denunciados y actuaciones del Ministerio Público, aparece un componente de interés público que puede ser investigado periodísticamente.

Pero eso tampoco significa que todo detalle de la vida matrimonial pase automáticamente a ser noticia.

Ahí está precisamente la frontera.

El divorcio de dos figuras públicas puede ser información de entretenimiento. Un incidente investigado por las autoridades puede constituir una noticia. Pero las especulaciones sobre infidelidades, conversaciones privadas o intimidades familiares no deben presentarse como hechos simplemente porque generen millones de visualizaciones.

Tolentino y una discusión que va más allá de Karen y Edwin

La cobertura realizada por Ramón Tolentino del caso abrió otra discusión.

Tolentino se trasladó al área donde habría ocurrido parte del incidente y presentó públicamente casquillos que afirmó haber recogido en la Autovía del Coral. También pidió a las autoridades esclarecer las contradicciones existentes entre las diferentes versiones.

Desde la óptica periodística, ir al lugar, entrevistar personas, buscar cámaras, reconstruir horarios y cuestionar inconsistencias forma parte del trabajo investigativo.

El problema aparece cuando el periodista entra en contacto directo con elementos que podrían tener valor como evidencia dentro de una investigación penal.

De hecho, la actuación generó cuestionamientos públicos sobre los límites entre investigar periodísticamente y realizar diligencias propias de los organismos investigadores.

Y ahí surge una diferencia fundamental:

El periodista investiga para informar. La Policía y el Ministerio Público investigan para establecer responsabilidades penales y presentar evidencias ante un tribunal.

Son funciones que pueden encontrarse, pero no deben confundirse.

Julián Oro Duro: aquí ya no hablamos de farándula

El caso de Gilberto Julián Sarante Perdomo, conocido como Julián Oro Duro, ofrece una diferencia todavía más clara.

El 20 de septiembre, el artista y su esposa, Zeneida Socorro Castillo, fueron víctimas de un violento asalto en su residencia de Santo Domingo Este. Castillo perdió la vida y el merenguero resultó gravemente herido.

La Policía informó posteriormente sobre la recuperación de US$33,690 y RD$196,500, además de prendas y otras pertenencias, y reportó detenciones vinculadas a la investigación.

Aquí ya no estamos frente a farándula.

Que la víctima sobreviviente sea un merenguero conocido no convierte un homicidio en entretenimiento.

Estamos ante un hecho policial y judicial.

Tolentino dio seguimiento al caso y presentó imágenes y reconstrucciones relacionadas con una motocicleta y movimientos registrados alrededor de la vivienda. Parte de esas informaciones posteriormente coexistieron con avances divulgados oficialmente por las autoridades.

Este tipo de cobertura demuestra el valor que puede tener un periodista insistente: encontrar imágenes, identificar contradicciones, hablar con fuentes y mantener presión pública para que un caso no desaparezca de la agenda.

Pero nuevamente aparece el límite.

El periodista puede encontrar una pista.

No debe convertirse en policía.

Puede recibir una información.

No debe transformarse en fiscal.

Puede cuestionar una investigación.

No debe sustituir el proceso judicial.

Nuria Piera: investigación, documentación y confrontación de fuentes

Aquí resulta inevitable hacer referencia al modelo de periodismo desarrollado durante décadas por Nuria Piera.

Su trabajo reciente permite observar una metodología distinta. Sus investigaciones sobre contrataciones del INABIE, por ejemplo, han examinado empresas, adjudicaciones, documentación societaria, perfiles de beneficiarios y posibles conflictos de interés.

Ese modelo se fundamenta principalmente en documentar, contrastar, entrevistar y confrontar a los involucrados con la información obtenida.

Nuria también trabaja con denuncias, testimonios, documentos, cámaras y fuentes confidenciales.

La diferencia importante no debería establecerse en quién es más agresivo o quién consigue primero una información.

La pregunta correcta es:

¿Cómo se obtiene, verifica y presenta esa información?

Nuria y Tolentino: dos estilos dentro de una misma transformación

Sería injusto afirmar que uno hace periodismo y el otro no simplemente porque sus estilos son diferentes.

Tolentino representa una modalidad mucho más inmediata, vinculada al terreno, las redes sociales, las fuentes policiales y la actualización prácticamente en tiempo real.

Nuria representa una tradición de investigación más estructurada alrededor del reportaje, la documentación y la presentación de un expediente periodístico elaborado antes de su difusión.

Ambos modelos pueden aportar información de interés público.

Pero la velocidad introduce riesgos.

Mientras más cerca quiera estar el periodista de una investigación criminal activa, mayor debe ser su conocimiento sobre preservación de evidencias, derechos de las personas investigadas, presunción de inocencia y límites de su propia función.

Investigar no significa condenar

Existe otro peligro creciente en las redes sociales.

Una investigación periodística puede revelar preguntas importantes, contradicciones o indicios.

Eso no convierte automáticamente a una persona en culpable.

Los periodistas debemos ser especialmente cuidadosos con expresiones como “autor”, “responsable”, “cómplice” o “culpable” cuando todavía existe una investigación o un proceso judicial abierto.

Podemos informar que alguien fue detenido.

Podemos informar que el Ministerio Público lo acusa.

Podemos explicar cuáles evidencias dicen tener las autoridades.

Pero corresponde a los tribunales establecer responsabilidad penal.

El periodismo no puede competir con TikTok por velocidad

El gran problema de nuestro tiempo quizá no sea solamente el chisme.

Es la presión para publicar inmediatamente.

Las redes premian al primero. El periodismo debería premiar al que verifica.

Un creador de contenido puede decir: “Me informan que…”.

Un periodista tiene una obligación adicional: preguntar quién lo informa, qué evidencia existe, qué dice la otra parte y qué puede comprobar independientemente.

Porque después de que una acusación alcanza cientos de miles de teléfonos, una rectificación pocas veces consigue el mismo alcance.

Nuestra reflexión desde Así Sucedió

Los casos de Edwin Encarnación y Karen Yapoort y de Julián Oro Duro muestran precisamente por qué necesitamos recuperar las fronteras.

Una separación matrimonial puede ser farándula.

Una acusación sin comprobar puede ser rumor.

Un homicidio es noticia.

Una investigación documentada es periodismo.

Una versión presentada como verdad sin verificar puede terminar siendo desinformación.

Y una investigación periodística no necesita convertirse en una investigación policial para tener valor.

Nuria Piera y Ramón Tolentino representan, con estilos y métodos diferentes, una realidad que seguirá creciendo en República Dominicana: periodistas que investigan más allá de las notas oficiales.

Eso es saludable para una democracia.

Lo que debemos discutir no es si los periodistas deben investigar.

Claro que deben hacerlo.

La discusión necesaria es hasta dónde pueden llegar sin contaminar una evidencia, vulnerar derechos, condenar anticipadamente a una persona o convertir una tragedia en espectáculo.

La mejor investigación periodística no necesariamente será aquella que llegue primero.

Será aquella que, cuando pase el ruido de las redes sociales, pueda sostener lo publicado con documentos, fuentes, contexto, equilibrio y evidencias verificables.

Ese debe seguir siendo el límite que separe al periodismo del espectáculo.


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