Editorial | Miches: el desarrollo debe dejar frutos en su comunidad

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Miches vive uno de los momentos más importantes de su historia reciente. El desarrollo turístico está transformando el municipio, generando nuevas inversiones, atrayendo visitantes y colocando a este territorio de la provincia El Seibo en el mapa de los grandes destinos turísticos de la República Dominicana.

Pero ante esta transformación surge una pregunta que no podemos evadir:

¿Quiénes deben beneficiarse del desarrollo de Miches?

La respuesta debería ser sencilla: su gente.

El turismo no puede medirse únicamente por la cantidad de habitaciones hoteleras construidas, los millones de pesos invertidos, el número de visitantes que llegan o la valorización de los terrenos. El verdadero desarrollo comienza cuando esas inversiones se convierten también en mejores oportunidades para las comunidades que durante generaciones han vivido en el territorio.

Miches no puede ser únicamente un lugar donde otros vienen a invertir. Debe ser un lugar donde sus habitantes puedan crecer junto con esas inversiones.

Los artesanos, agricultores, pescadores, pequeños comerciantes, emprendedores, transportistas, trabajadores y familias locales deben tener un espacio dentro de esa nueva economía.

Por eso, la discusión que hoy surge alrededor de los espacios públicos y la actividad de los artesanos debe ser entendida desde una perspectiva mucho más amplia. No se trata solamente de quién vende en una playa o quién ocupa determinado espacio. Se trata de establecer cómo se integra la población local al desarrollo turístico sin perder el orden, la identidad y el patrimonio que hacen atractivo al destino.

Porque sería una contradicción construir un destino turístico internacional y, al mismo tiempo, dejar a su comunidad mirando el desarrollo desde afuera.

El turismo necesita hoteles, restaurantes, infraestructura y servicios. Pero también necesita cultura, identidad y productos locales. Y detrás de cada artesanía, cada emprendimiento y cada pequeño negocio hay una familia que aspira a mejorar sus condiciones de vida.

El desarrollo debe generar encadenamientos económicos.

Si un turista llega a Miches, la experiencia no debería terminar dentro de un complejo hotelero. Parte de ese visitante debe poder conocer la cultura local, consumir productos elaborados por manos de la comunidad, contratar servicios locales y descubrir la historia y las tradiciones del municipio.

De esa manera, el turismo deja de ser una actividad aislada y se convierte en un verdadero motor de desarrollo comunitario.

Ahora bien, defender la participación de la comunidad no significa justificar el desorden.

Los espacios públicos deben ser regulados. Las playas deben mantenerse limpias, organizadas y accesibles. La actividad comercial debe cumplir normas y las autoridades deben garantizar que esas reglas sean iguales para todos.

Inclusión y orden no son conceptos contradictorios.

Al contrario, una comunidad organizada puede convertirse en una de las mayores fortalezas de un destino turístico.

Miches necesita mecanismos que permitan identificar a sus productores y emprendedores locales, facilitar su formalización, capacitarlos, crear espacios de comercialización y conectarlos con los hoteles, restaurantes y demás empresas que forman parte de la cadena turística.

Ese debería ser uno de los grandes objetivos del desarrollo: que una mayor cantidad de familias locales puedan participar de manera digna en la riqueza que genera su propio territorio.

También es importante evitar que el debate se convierta en una confrontación entre “locales” y “foráneos”. República Dominicana es un país de movilidad y todos tienen derecho a buscar oportunidades dentro del marco de la ley.

El punto central debe ser otro: que existan reglas claras y que nadie pueda aprovecharse de la ausencia de regulación para convertir los espacios públicos en un territorio de competencia desordenada.

Las autoridades municipales y nacionales tienen una responsabilidad fundamental en este proceso. Deben planificar, regular, escuchar a la comunidad y crear políticas que permitan que el desarrollo turístico tenga un impacto económico y social real.

Miches está ante una oportunidad que quizás no vuelva a repetirse.

La comunidad tiene derecho a aspirar a mejores empleos, mejores servicios, capacitación, emprendimiento y participación económica. Tiene derecho a que sus jóvenes encuentren oportunidades sin tener que abandonar el municipio. Tiene derecho a que sus tradiciones y su identidad sean parte de la oferta turística.

Pero también tiene la responsabilidad de prepararse, organizarse y asumir con seriedad el papel que le corresponde.

El desarrollo no debe verse como algo que llega desde afuera. Debe construirse con la comunidad.

Los grandes proyectos turísticos pueden transformar un territorio, pero solamente una comunidad integrada puede transformar esa inversión en bienestar colectivo.

Miches no debe conformarse con ser un destino turístico exitoso.

Debe aspirar a ser una comunidad próspera gracias al turismo.

Porque al final, el éxito de cualquier proyecto de desarrollo no debería medirse únicamente por cuánto dinero genera, sino por cuánto de ese fruto permanece en el territorio, cuántas familias mejora, cuántos jóvenes encuentran oportunidades y cuánto fortalece la calidad de vida de quienes llaman a este lugar su hogar.

El turismo puede traer riqueza a Miches.

Ahora corresponde garantizar que una parte justa de esa riqueza se convierta en oportunidades para su gente.

Ese es el verdadero desafío.

Y también debería ser el verdadero propósito del desarrollo.

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